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438 días: una extraordinaria historia real de supervivencia en el mar

El Salvador tiene una de las tasas de homicidio más altas del mundo. Las bandas ejercen un control territorial sobre determinados barrios y extorsionan a los residentes de todo el país. Reclutan por la fuerza a niños y someten a abusos sexuales a mujeres, niñas y personas lesbianas, gays, bisexuales y transexuales (LGBT). Las bandas matan, desaparecen, violan o desplazan a quienes se resisten. Estas condiciones han provocado desplazamientos internos y transfronterizos.

Las fuerzas de seguridad siguen siendo en gran medida ineficaces a la hora de proteger a la población de este tipo de violencia. También han estado implicadas en graves violaciones de los derechos humanos, como ejecuciones extrajudiciales, agresiones sexuales, otros actos de tortura y malos tratos, y desapariciones forzadas. La impunidad de estas violaciones sigue siendo la norma.

Las investigaciones llegaron a las audiencias en solo 14 de los 48 casos de 116 ejecuciones extrajudiciales cometidas entre 2014 y 2018 que examinó la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos (PDDH) de El Salvador. Dos resultaron en condenas.

Historias de supervivencia en el mar

Entre otras cosas, Córdova ayudó a generar variedades e híbridos mejorados que se sembraron en al menos 4 millones de hectáreas en todo el mundo en desarrollo, de las cuales 0,5 millones de hectáreas comprenden maíz proteico de calidad (QPM). En la década de los noventa se estimó en 70 millones de dólares anuales el valor de la producción adicional de grano en Centroamérica gracias al trabajo de Córdova y sus socios. Fue incansable en el campo y en sus esfuerzos para que la tecnología agrícola avanzada, como los híbridos de maíz resistentes y de alto rendimiento, llegara a manos de los agricultores.

Córdova deja tras de sí una gran cantidad de conocimientos: fue coautor de cientos de publicaciones, mentor de más de 60 estudiantes de posgrado y de grado, y coordinó o impartió numerosos cursos de formación. Su pasión y talento inspiraron a colegas y socios por igual. Aunque ya no esté con nosotros, las semillas que sembró -tanto en los campos de cultivo como en los recuerdos- seguirán creciendo.

Pasaje perdido en el mar

Nacido en Graneros, un pequeño pueblo de Tucumán (Argentina), Axel y su familia perdieron todas sus posesiones en una inundación cuando él estaba en el instituto y tuvieron que mudarse a una nueva ciudad, empezando de cero. A pesar de este trastorno, Axel ha destacado no sólo académicamente, sino que ha tenido un notable impacto en el medio ambiente y la sociedad a través de sus numerosos proyectos e iniciativas.

Prolífico emprendedor social, Axel fundó el proyecto Ciencia Cristalina, premiado por la Fundación Pérez Companc. Ciencia Cristalina crea laboratorios improvisados en escuelas rurales de toda Argentina a través de objetos encontrados en casa, como tarros de mermelada, que sustituyen al material de laboratorio. Así, los alumnos pueden realizar experimentos para aprender cómo cristalizan distintos elementos que encuentran en su vida cotidiana, como el azúcar.

A partir del éxito de este emprendimiento, Axel se animó a crear la empresa Horux Technologies, que desarrolla apps educativas para empresas y ONG que quieran desarrollar productos innovadores relacionados con la inclusión social y la educación.

Salvador José

Karla nació en El Salvador. Durante la guerra civil salvadoreña, Karla emigró a Estados Unidos y se empleó en un despacho de abogados antes de que éste cerrara. En algún momento, antes o después de su empleo en el despacho de abogados, se sabe que Karla se casó y tuvo dos hijos.  Cuando su marido murió, empezó a criar a sus hijos sola.

Un día, sus hijos estaban en la enfermería del colegio llorando cuando Karla tuvo que ir a verlos. Les anima diciendo que tienen que seguir con su vida normal y que todo el mundo se muere, pero que ella no se va a morir en mucho tiempo («God Bless America»).

Karla se ve trabajando en el ordenador en su caso cuando Blanca se acerca. Karla oculta su libro a Blanca hasta que ésta le suelta un chascarrillo, lo que hace que C. Litvack se acerque. Ella le informa de sus derechos, lo que hace que los ordenadores sean apagados por C. Litvack.

En el juzgado, Karla quiere presentar su solicitud de amparo bajo la Ley de la Convención contra la Tortura. Afirma, rellenando la solicitud I-589, que sería torturada en caso de regresar a El Salvador. Trae un artículo de periódico sobre la escuela en la que daba clases, El Aleph. El año que se fue de El Salvador, se produjeron 36 muertes en la escuela. Todos ellos eran chicos que se negaron a unirse a las bandas criminales; ninguno tenía salida. También dice que cuando se quedó embarazada, su marido y ella supieron que tenían que irse. El abogado de su caso afirma que la violencia de las bandas no es para el CAT ni para los solicitantes de asilo. En respuesta, ella dice que tiene dos hijos que son ciudadanos estadounidenses, y que no puede llevarlos a un país donde su opción de vida sería «matar o morir», y que si trae a sus hijos de vuelta serán obligados a unirse a las bandas o sufrirán las consecuencias. En respuesta, el abogado dice que Estados Unidos no deporta a los hijos de Karla, sino a la propia Karla. Afirma que no los abandonará: su padre falleció el año anterior y ella es todo lo que tienen ahora. Como Karla ha perdido la custodia de sus hijos desde que está detenida en las instalaciones del ICE, ya están en régimen de acogida preadoptiva. El juez afirma que Karla no ha presentado un caso para sí misma y que la solicitud ni siquiera constituye un caso prima facie para el alivio en virtud de la CAT, ya que sus hijos seguirán estando a salvo en Estados Unidos. Deniega el caso de Karla y emite una orden de expulsión por escrito.

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