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Compositores favoritos en el arte – Manuel de Falla

3Otros capítulos se ocupan más de aspectos de la biografía de Falla y de su posición dentro de las tendencias religiosas, filosóficas y políticas de la época. El capítulo 7, sobre la influencia de José Ortega y Gasset en El retablo, es casi obligado, dada la omnipresente, aunque a veces enrevesada, influencia del filósofo en los círculos musicales españoles de esta época. El capítulo 10, sobre las ideas de Falla sobre el catolicismo a lo largo de los años 20 y 30 y la influencia de Jacques Maritain, es especialmente ilustrativo y está bien documentado. Otro capítulo (el 6) se enmarca dentro de lo que podríamos llamar organología crítica o cultural, analizando el compromiso de Falla con la guitarra en un momento en el que la literatura moderna para el instrumento estaba empezando a desarrollarse.

4 Se trata de un libro que debería leerse junto a las innovadoras contribuciones de Carol A. Hess a la redefinición de la obra de Falla para la comunidad investigadora internacional1, el trabajo de la última generación de estudiosos que actualmente trabajan sobre Falla (Chris Collins, Elena Torres Clemente) y la extensa obra de Christophoridis sobre el compositor, la mayoría de la cual se cita en la bibliografía. La claridad del libro, así como la abundancia de ilustraciones y ejemplos, lo hacen accesible no sólo a los estudiosos de la música española del siglo XX: de hecho, el libro podría resultar también una ayuda didáctica útil para quienes enseñan música del siglo XX en la universidad; el material es sin duda lo suficientemente atractivo, relevante y claro como para merecer la inclusión de Falla en la enseñanza del modernismo y el neoclasicismo musicales.

Manuel de Falla – Dos danzas españolas de “La vida breve”

Tras una primera visita al volumen original de ladrillo compacto de 91 metros de largo y 15 de ancho, se concibió un diseño centrado en dos estrategias fundamentalmente: sacar más partido al espacio disponible y hacer que la cubierta fuera un complemento del espacio construido debajo.

La primera estrategia consistió en desplazar el núcleo de circulaciones del centro de la planta y recuperar la planta de semisótano, y se ejecutó mediante una importante operación de sustracción estructural que -a lo largo de la fachada de entrada desde Manuel de Falla- creó un patio exterior que abre toda la planta y se complementa con la intervención realizada en la fachada posterior, que aprovecha la rampa de acceso a las plantas de aparcamiento para captar luz natural. El resultado es una planta iluminada a través de los dos alzados largos.

Anna Fox canta “Nana” de Manuel de Falla

A finales de 1926 comenzó a trabajar en un ambicioso proyecto, la cantata escénica Atlántida sobre un texto extraído del poema homónimo del catalán Jacinto Verdaguer; la obra nunca se terminó, y le acompañó constantemente durante el resto de su vida, hasta su muerte en Argentina en 1946.  En sus últimos años, su estado de salud y los dramáticos acontecimientos políticos que condujeron a la Guerra Civil española en 1936 redujeron la productividad de Falla. En 1933 pasó unos meses de invierno en Mallorca, donde compuso la Balada de Mallorca en homenaje a Chopin, adaptando para coro sin acompañamiento el Andantino de la segunda Balada de Chopin, a un texto del poeta catalán Verdaguer; Falla ya se había inspirado en Chopin en 1918 en la obra teatral Fuego fatuo, que nunca se publicó.

En 1941 se instaló en Alta Gracia, en la provincia de Córdoba, y pasó los últimos días de su vida editando las “Versiones espresivas” de algunas obras polifónicas de Tomás Luís de Victoria, y trabajando constantemente en su proyecto más ambicioso, que nunca llegó a terminar: Atlántida.

Manuel de Falla Sombrero de tres esquinas

abuelo, uno de sus primeros maestros de música. A la edad de nueve años, Falla comenzó a recibir clases de piano con Eloísa Galluzo, pero las lecciones terminaron abruptamente cuando ella ingresó en un convento -las Hermanas de la Caridad- para convertirse en monja.

Unos años más tarde, en 1889, continuó las clases de piano con Alejandro Odero, y estudió armonía y contrapunto con Enrique Broca. A los 15 años Manuel de Falla se interesa por la literatura y el periodismo y funda dos revistas: El Burlón y El Cascabel. Sin embargo, dos años más tarde, tras presenciar un concierto de obras del compositor noruego Edvard Grieg, se sintió inspirado y más tarde recordó que en ese momento sintió que “mi vocación definitiva es la música”.

Se interesó por la música autóctona andaluza, y utilizaría muchos elementos como el cante jondo del flamenco en sus composiciones. Posteriormente comenzó a escribir en el lenguaje operístico español conocido como “Zarzuela”, y su obra Los amores de la Inés se estrenó el 12 de abril de 1902 en el Teatro Cómico de Madrid. Al año siguiente, compuso e interpretó su Allegro de concierto, como obra de concurso para el Real Conservatorio de Madrid; el primer premio fue otorgado a su compatriota Enrique Granados por su obra del mismo título.

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