Instituto alfonso x el sabio de toledo

Gerardo de Cremona

La Escuela de Traductores de Toledo es el grupo de eruditos que trabajaron juntos en la ciudad de Toledo durante los siglos XII y XIII, para traducir muchas de las filosofías y obras científicas judeo-islámicas del árabe clásico.

La Escuela pasó por dos periodos distintos, separados por una fase de transición. El primero fue dirigido por el arzobispo Raimundo de Toledo en el siglo XII, que promovió la traducción de obras filosóficas y religiosas, principalmente del árabe clásico al latín. Durante el siglo XIII, con el rey Alfonso X de Castilla, los traductores ya no trabajaron con el latín como lengua final, sino que tradujeron al castellano antiguo. Así se establecieron las bases de un primer estándar de la lengua española, que acabó desarrollando 2 variedades, una toledana y otra sevillana[1].

También se tradujo al latín, al hebreo y al ladino parte de la literatura árabe, como la del filósofo judío Moisés Maimónides, el sociólogo-historiador musulmán Ibn Jaldún, el ciudadano de Cartago Constantino el Africano o el persa Al-Khwarizmi[3].

Corpus aristotélico

Alfonso X, rey de Castilla (y León) desde 1252 hasta 1284, tuvo un éxito limitado como político, pero como erudito fue el espíritu impulsor de un despertar cultural en Castilla en el siglo XIII. Por ello fue honrado con el título de “el Sabio”. Favoreció la lengua de Castilla y reorganizó sus leyes, todo ello con el fin de unificar el país y dotarlo de un sentido de identidad coherente.

Aunque la lengua y las leyes contribuyen a definir la identidad de un país, el sentido de la historia de una comunidad es la base de todo ello. Alfonso X patrocinó dos obras de historia, pero, en consonancia con su espíritu patriótico, fueron escritas en castellano y no en latín, como era habitual.

La primera fue la Estoria de Espanna, que describía el papel de los distintos reinos de la península en la formación de España. La segunda historia, la Estoria General, era un proyecto mucho más ambicioso, una historia del mundo, pensada como guía moral para los cristianos. Iniciada hacia 1272, su alcance resultó demasiado amplio para Alfonso y sus colaboradores y quedó inconclusa, llegando sólo hasta los padres de la Virgen María.

Condena de París 1277

Toledo (/təˈleɪdoʊ, -ˈliːd-/ tə-LAY-doh, -LEE-,[2][3] UK también /tɒˈleɪdoʊ/ tol-AY-doh,[4] español:  [toˈleðo] (escuchar)) es una ciudad y municipio de España, capital de la provincia de Toledo y sede de derecho del gobierno y las Cortes de la comunidad autónoma de Castilla-La Mancha. Toledo fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1986 por su amplio patrimonio monumental y cultural.

Entre los personajes que nacieron o vivieron en Toledo se encuentran Brunhilda de Austrasia, Al-Zarqali, Garcilaso de la Vega, Leonor de Toledo, Alfonso X, Israel ben Joseph, Judah Halevi y El Greco. En 2015, la ciudad contaba con 83.226 habitantes[5]. El municipio tiene una superficie de 232,1 km2.

Toledo (en latín: Toletum) es mencionada por el historiador romano Livio (ca. 59 a.C. – 17 d.C.) como urbs parva, sed loco munita (“una ciudad pequeña, pero fortificada por su ubicación”). El general romano Marco Fulvio Nobilior libró una batalla cerca de la ciudad en el año 193 a.C. contra una confederación de tribus celtas, a las que derrotó y capturó a un rey llamado Hilermus[6][7] En aquella época, Toletum era una ciudad de la tribu de los carpetanos y formaba parte de la región de Carpetania[8] Se incorporó al Imperio Romano como civitas stipendiaria (ciudad tributaria de los no ciudadanos) y posteriormente como municipium. [Con este estatus, los funcionarios de la ciudad obtuvieron la ciudadanía romana para el servicio público, y se adoptaron cada vez más las formas del derecho y la política romanos[10] Aproximadamente en esta época, se construyeron en Toletum un circo romano, murallas, baños públicos y un sistema municipal de suministro y almacenamiento de agua[11].

Herman de Carintia

De: Thomas Hockey et al. (eds.). The Biographical Encyclopedia of Astronomers, Springer Reference. Nueva York: Springer, 2007, pp. 29-31 http://dx.doi.org/10.1007/978-0-387-30400-7_33 Cortesía de Springer.Julio SamsóAlfonso X

El rey Alfonso X reinó desde 1252 hasta 1284. Fue un mecenas de la literatura y el saber y realizó un gran esfuerzo por recuperar los materiales astronómicos árabes y, muy especialmente, andaluces, traduciéndolos al castellano, convirtiéndose así en pionero en el uso de la lengua vernácula como lengua científica. Más tarde, probablemente coincidiendo con el periodo (1256-1275) en el que aspiraba a convertirse en emperador de Alemania, hizo retraducir algunas de estas obras al latín. La máxima expresión de esta política cultural se encuentra en sus Tablas Alfonsinas, en las que encontramos una aspiración a la universalidad muy acorde con un proyecto de elaboración de unas tablas astronómicas “imperiales”.

Un último grupo de obras alfonsinas comprende las obras de astrología judicial (Quadripartitum, Libro de las Cruzes, Libro conplido), que permiten al lector interpretar el horóscopo y predecir el futuro, así como las obras de magia cuyo objetivo es fabricar talismanes en condiciones astrológicas propicias para modificar ese mismo futuro. Visto desde el punto de vista de un rey sumamente interesado en la astrología y la magia, sus obras astronómicas, astrológicas y mágicas forman una impresionante unidad que parece ser el resultado de un plan bien diseñado. Sólo dos obras quedan fuera de este marco; una de ellas es la ya mencionada Ochava Espera que contiene, además de una descripción de las 48 constelaciones ptolemaicas, suficientes conexiones con los lapidarios y otros textos mágicos como para considerarla una excepción. El segundo es la traducción de la Cosmografía de Ibn al-Haytham, que corresponde a un tipo de interés teórico no muy común en el corpus de Alfonso X.

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